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martes, mayo 24

DE PROFESIÓN, PSIQUIATRA


DE PROFESIÓN, PSIQUIATRA

Ayer acudí, una vez más, al psiquiatra que La Mutua Gallega me asignó desde que caí en lo que mi médico de familia diagnosticó como depresión, de la cual me venía tratando desde hace tres años. Hasta hace cuatro meses yo continuaba trabajando los días que me encontraba mejor, los demás, me quedaba en la cama por que era incapaz de levantarme ni tan siquiera para comer. He de decir que tenía un pequeño negocio, ya no lo tengo, y cada día que no podía ir a abrir la tienda era motivo de doble malestar, por un lado la enfermedad y por otro, la preocupación de saber que un negocio no se puede cerrar aunque estés muriéndote… Tampoco puedes echar mano de un empleado, pues la situación económica no te permite pagar a alguien. Llegados a este punto, mi médico de familia decide, que, por mi salud, debo coger la baja, medicarme en condiciones y para eso ha de verme un psiquiatra de la S.S. A la semana de estar de baja recibo una carta de la Mutua donde me asignan dos médicos: el psiquiatra y otro de medicina general. La primera vez que acudí al psiquiatra, iba acompañada por un buen amigo al que se le negó el entrar conmigo a la consulta. Nada más sentarme me entregó unos impresos para que los firmase. Pregunté que era aquello y me dijo que si no los firmaba no me atendería. Leí por encima, pero mi cabeza no estaba para centrarme en la lectura… y por no discutir, firmé. Me pareció una persona sumamente déspota y muy desagradable. Lógicamente no empatizamos, Cuando me preguntó que me ocurría, yo no tenía ganas de hablar… pero controlé el impulso de mandarlo a paseo y le expliqué lo que acabo de contar más arriba. –Bien, está claro que es una depresión que se ha prolongado en el tiempo y se ha cronificado. Tómese esto, esto y esto otro y vuelva dentro de quince días.-
En la segunda visita le comenté que me pasaba el día llorando y si eso era normal. –Si, es normal. Es lo que llamamos un “barrido” de la tensión soportada. Vamos a aumentar la dosis de esto y de esto. Vuelva dentro de quince días-
Hace tres meses de la primera visita y siempre me confunde con otra paciente; en la visita anterior le comenté que había sufrido una crisis de pánico terrible yendo en el autobús, y me dijo: -Te has leído el libro que te recomendé-  ¿…? – A mí no me ha recomendado ningún libro; pero si se refiere a éste…,- (dije el título de uno muy conocido) –lo he leído hace ya algunos años- Me miró por encima de los lentes y apostilló: -No es sólo leerlo; hay que hacer los ejercicios de respiración… De todas maneras te vuelvo modificar la medicación: de esto, que estabas tomando una, ahora tomarás la mitad. Vuelve en quince días.-
Ayer salí perpleja de la consulta de este profesional de Psiquiatría. Perplejidad que aun perdura hoy, un día después. De ahí que se me haya dado por relatar este periplo “psiquiatril” con la única intención de reflexionar, para poder entender lo que ayer intentó explicarme el galeno en cuestión: -¿Qué tal Carmen?- Inusual recibimiento que hizo que por primera vez lo viese como un ser humano- Hasta ese momento, juraría que me estaba consultando con un robot- Me pidió que me sentase, al tiempo que se sentaba él.
-¿Qué… cómo está?- dijo al ver que yo no abría la boca. –Bueno, las crisis de pánico no me han vuelto a dar, pero sigo sin ganas de levantarme por las mañanas y sin ánimo de emprender nada. He pensado que después de tanto tiempo con esta medicación ya debería  de encontrarme mejor-  él no me miraba, su atención estaba puesta en lo que veía en el ordenador, supongo, que estaría mirando mi historial… o, tal vez, el de otro paciente… tengo mis dudas, la verdad. Levantó la vista del ordenador y me dijo: -¿Ha vendido ya el piso? Entonces me di cuenta de que efectivamente estaba viendo mi historial, por que en la visita anterior yo le conté mi preocupación por mi situación económica. –No todavía no… y eso que le he bajado mucho el precio- De pronto comencé a llorar y le expliqué el dolor que me producía tener que malvender el piso que había conseguido con tanto esfuerzo e ilusión. Se hizo un silencio y comenzó a escribir a toda prisa en el portátil. Escribió durante más de cinco minutos. Por fin terminó de teclear, se acomodó en la silla, cruzó los brazos y me espetó: -Vamos a ver: la medicación no hace milagros, por otra parte, tampoco lleva tanto tiempo con este tratamiento… quiero decirle que lo suyo no es una depresión. Yo soy psiquiatra y puedo decir que mentalmente estás bien. No estás de deprimida, estás amargada, desilusionada, sin ganas de vivir, triste y desmotivada… Pero eso no es una depresión. Yo no puedo hacer nada por ti. Soy Psiquiatra, no el banco de España. Te remito al médico de empresa. Aquí ya no has de volver. Lo que te ocurre no es de mi especialidad…
Ja, ja, aja… Ahora al escribirlo es que me parto de la risa. Parece un chiste… Pero juro que esto ocurrió ayer a las 19:30 horas.
Ya veremos lo que tiene que decir el médico de empresa, el próximo tres de junio, cuando lea todo lo que escribió, durante cinco minutos, mi doctor en psiquiatría… ¡Estoy perpleja, ya lo he dicho al principio… pero al menos no estoy deprimida y eso tiene su puntito de esperanza! ¿O no…?  

1 comentario:

lola dijo...

Me estas dejando perpleja, a mi medico de cabecera también me ha mandado al psiquiatra y miedo me esta dando esto no lo había echo yo en mi vida, ni pensé que fuese a necesitarlo nunca, pero mi medica solo hablo conmigo cinco minuto y me dio un diagnostico de cómo estaba que era para tirarse por el balcón; y yo pensando que lo que me pasaba era normal jajajaja

un beso